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El otro día estaba leyendo un artículo muy interesante sobre el dibujante de historietas Robert Crumb, y bien en el arranque de la nota el autor aclaraba que en inglés “crumb” significa “migaja”. En ese momento, sin ningún afán ególatra ni nada que se le parezca, me pareció que ya era hora de aclarar que en francés “font de bon” significa, más o menos, “ser de bien”… no en vano, uno terminó dedicándose a ésto, pero no me quiero ir de tema y tampoco me gusta alardear con mi francés. Como siempre digo, estamos acá para ayudar.

“SER DE BIEN”. Es lo que, en francés, significa “font de bon”, mi apellido. Por algo es.

Quería contarles que el fin de semana pasado me hice una escapada a Juan Lacaze y encontré, como todos los años, el arbolito de Navidad armado y ese perfume a jazmines que agranda la casa y hace que todo se vea más lindo, incluso la repisa con souvenirs de viajes. Sobre la mesa de la cocina me esperaba una manzanita Fagar en vaso de requesón con mucho hielo, que yo siempre digo, es la bebida oficial de Colonia. Y ahí sí, respiré hondo y dije: arrancó el verano.

Y como les prometí que haría cuando llegara este momento, vamos a dedicar las columnas de las próximas semanas a los tips básicos de esta época, a algunas recetas ideales para combatir el calor y también a algunos consejos sobre “etiqueta de la casa de verano compartida”, que nunca está de más tener en cuenta.

QUE EL MUNDO PAREZCA UN LUGAR MEJOR. Eso es lo que hace tomarse un buen Negroni. Lo prueban y después me dicen.

Pongamos manos a la obra. Para inaugurar la temporada, nada mejor que tomarse un buen Negroni. Cuando me hago uno siento que el monoambiente se transforma en un amplio loft, que mi balconcito pasa a ser un deck de madera y el edificio en obra que tengo enfrente… bueno, eso no cambia, sigue siendo el edificio en obra que tengo enfrente. Pero como decía, el Negroni es de esos tragos que, como el perfume de los jazmines de la casa de mi madre, hace que el mundo parezca un lugar mejor.

Como siempre pasa con el origen de los tragos, los datos son difusos y difíciles de comprobar, pero todos los caminos conducen a Florencia, en la década de 1920, y al conde Camillo Negroni, de quien el trago toma su nombre. Parece que un buen día el conde pidió a su barman de confianza, Fosco Scarselli, que le hiciera una variante al Americano de siempre, con gin en vez de soda. Más o menos es así la cosa.

Lo que nos queda hoy, casi un siglo después, es que el Negroni es un trago clásico, refrescante y muy fácil de preparar: tres partes iguales de dry gin, vermouth rojo y bitter Campari. Se sirve directamente en un vaso bajo -un old fashioned es ideal- con un par de cubitos de hielo y se adorna con un espiral de cáscara de naranja, que se puede torcer sobre el trago para perfumarlo. Una maravilla, una prueba de que el ars combinatoria es realmente un arte. Ideal para escapar del whisky y la cerveza, y abrir el apetito antes de una cena liviana con amigos.

Los dejo que me esperan de la inmobiliaria para ir a ver un apartamento acá a la vuelta. Quién les dice que no arranque el 2010 en casa nueva. Disfruten del fin de semana, tomen mucha agua y hasta la próxima.

Negroni:

1/3 dry gin

1/3 vermouth rojo

1/3 bitter Campari

Cómo lo hago: Servir directamente en vaso bajo con cubos de hielo (el que sabe, hace los cubitos con agua mineral), y se decora con un espiral de cáscara de naranja, antes torciéndolo levemente sobre el vaso para perfumar la bebida. Y bueno, obvio que si consiguen un gin importado la cosa cambia. Lo prueban y después me dicen.

Tip express estival: el talco, siempre un aliado, y no tengo más nada que agregar.

  • Nuestro experto residente Jean Font de Bon se declara un gran admirador de Joan Green, pionero en el Río de la Plata en esto de la lifestyle consultancy. Si se lo cruza este verano en Punta del Este, no lo duda, le pide foto y autógrafo. Su columna, Saberes para el buen vivir, se actuliza todos los viernes.
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Por estos días emprendí la engorrosa tarea de bajar de la parte más alta e inaccesible del placar toda la ropa de verano y subir la de invierno. Uno se siente a gusto cuando hace estas cosas porque aparecen por aquí y por allá recuerdos asociados a la época del año en la que por lo general tomamos vacaciones, descansamos y la pasamos bien. También es un ejercicio de previsión, que se aplica a muchos otros órdenes de la vida. Como en la fábula de la cigarra y las hormigas, el que toma las mínimas precauciones antes del cambio de estación sale mejor parado, pero es horrible tener que identificarse con las hormigas. Hagan como que no les dije nada.

MEJOR PARADO. Así sale quien toma las mínimas precauciones antes del cambio de estación

MEJOR PARADO. Así sale quien toma las mínimas precauciones antes del cambio de estación

Volviendo a mi columna de hoy, iba a estar dedicada a profundizar en algunos tips básicos para el verano, como que se tomen en serio lo de cuidarse del sol de pies a cabeza, que se hidraten mucho, todo lo que puedan, que descansen pero también que aprovechen los primeros días de enero, cuando el tiempo parece suspendido, para trazar un plan de acción del año: dos o tres metas principales, dos o tres secundarias, y luego reflexionar un momento sobre cómo pensamos llegar a ellas. Esto vendría a ser la macrolista de tareas para el año, nuestra hoja de ruta.

De todo eso les iba a hablar hoy, pero mientras apuntaba las ideas en mi Moleskine, sentado en el ómnibus, me llamó la atención el comportamiento del chofer: saludaba a los pasajeros al subir. A todos y cada uno, con un “Buenos días, buenos días, bienvenidos”. Está claro que a mí también me saludó igual, pero en el momento no le presté atención.

Ustedes dirán “qué bárbaro”, “qué educado”, y casi que puedo escucharlos exclamando “ojalá fueran todos así”. Sin embargo, como lifestyle consultant no puedo dejar pasar esta oportunidad para plantear un tema básico sobre la etiqueta y el comportamiento en lugares públicos. Lo que quiero decir es que el chofer, repitiendo como autómata el “buenos días” a todos los pasajeros con una sonrisa de cartulina, me pareció un desubicado total.

Pensarán que me contradigo, porque soy defensor acérrimo del saludo como norma básica de cortesía. Pensarán que soy un radical -que no lo soy, salvo excepciones como ésta-, porque me la agarro contra el chofer amable. Pensarán que me quejo por todo, que no es cierto, sólo estoy haciendo mi trabajo, poniendo el tema sobre el tapete.

UN DESUBICADO TOTAL. Es lo que me pareció el chofer del ómnibus, que se la pasó repitiendo el “buenos días” como un autómata a todos los pasajeros

De ninguna manera estoy censurando la urbanidad de este señor, pero por regla tampoco aliento los extremismos. La amabilidad y la generosidad excesiva resultan sospechosas. Es la verdad de la milanesa. Dirán que es una señal más de lo mal que está el mundo, pero lamentablemente es así. Como siempre digo, para romper las reglas primero hay que conocerlas: abstengámonos de excesos de toda índole, al menos en público y sobre todo con desconocidos. En el caso de la amabilidad, se puede confundir con un exceso de confianza. Y no debe haber nada peor que un confianzudo.

En el caso de la generosidad, el exceso pone al otro en un lugar incómodo, muy incómodo: el del compromiso forzado. Acá, el chofer vendría a ser la cigarra, que canta sin que nadie se lo pida, pero una vez más me rechina la metáfora (otra vez terminamos siendo las hormigas). Así que hagan de cuenta que no dije nada. Pero sí recuerden lo de evitar excesos.

¿Cómo debería hacer el chofer si quiere ser amable, si quiere “humanizar” el transporte colectivo? Pues muy sencillo. Con solo un “buenos días” genérico en el momento justo, que vaya destinado a todos los pasajeros que suben en una parada. Así estaría más que bien, y yo desde mi asiento hubiese pensado: “Qué bárbaro, qué educado el chofer, ojalá fueran todos así”. Aprovechen el fin de semana y hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, no sale a la calle sin una buena untada de pantalla solar factor 30 y una botellita de agua mineral. Los lectores pueden dejar sus consultas en el área de comentarios y él con mucho gusto evacuará sus inquietudes. Saberes para el buen vivir se actualiza todos los viernes.

Todo no se puede

“El costo de algo es aquello a lo que se renuncia para conseguirlo”, dice uno de los principios básicos de la Economía. No sé si lo dijo Adam Smith, David Ricardo o Danilo Astori (h), tampoco sé si era exactamente así, pero me viene al pelo para el tema de mi columna de hoy.

Sucede que en la tele, en las revistas, en el secador de manos de un baño público y en cualquier recóndito espacio conquistado por la publicidad, aparece en múltiples formas un mensaje que se puede reducir a ésto: “Sos libre, hacé lo que se te cante (y hacelo ya porque mañana no sabés lo que puede pasar)”.

En los papeles está buenísimo, pero la realidad es que fuera de los brillos y el optimismo crónico de la comunicación publicitaria, estos encendidos llamados no pasan del eslogan vacío. Mejor es tener siempre presente que, nos guste o no, vivimos gobernados por la fuerza invisible del orden social, con su sistema de premios y castigos.

UNA GRAN RESPONSABILIDAD. Es lo que todo gran poder conlleva.

Claro que es cierto que somos libres, y ya hablamos en otras columnas sobre la crisis de individualidad que nos aqueja. Pero la libertad es un gran poder que tenemos, y como decía el tío Ben, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Esa es la parte que nunca se hace explícita, ni siquiera en la letra chica. Hacé lo que se te cante, sí, pero bancátela. Porque cuando uno quiere abrir el juego y elegir una opción en los márgenes o fuera de ellos, algo empieza a hacer ruido. El mecanismo queda al descubierto. Y el chirrido de un mecanismo debe ser de los sonidos más molestos que existen.

Les pongo un ejemplo práctico. Hace algunos años decidí adoptar una dieta vegetariana. Estaba en Bélgica, haciendo mi curso en el Institut des Hautes Etudes du Goût, y la verdad es que no tenía ningún problema. Primero, no estaba solo en esa cruzada en contra de la carne y segundo, la oferta vegetariana en Leuven alcanzaba para conformar al paladar más exquisito. Pero al volver a Juan Lacaze, mi vegetarianismo se chocó de frente contra las costumbres de mi familia. Las tías comentaban por lo bajo. Los vecinos se burlaban. Me la tuve que bancar como un campeón.

AL BOMBO. Hasta allí nos vamos si seguimos ciegamente a la publicidad que nos bombardea con ser “auténticos” y “tal como somos”.

Con todo esto no quiero decir, bajo ningún concepto, que uno deba seguir ciegamente a la manada o que nuestro destino esté circunscripto a las normas imperantes. No, de ninguna manera. Simplemente estoy pegando debajo de la gigantografía que grita “sé libre” una etiqueta de “Warning” que ya nos gustaría ver antes de tomar muchas decisiones importantes en la vida. Si estamos sobre aviso, las consecuencias de nuestras acciones se pueden prever en parte, podemos estar preparados para el choque. Si nos quedamos con la publicidad que nos bombardea con ser “auténticos”, “tal como somos” y demás mensajes un poco cínicos, nos vamos al bombo, que no chirría pero también hace un ruido bárbaro.

Como lifestyle consultant tengo que lidiar sobre todo con tweens y treintañeros que se subieron al carro de la autenticidad sin compromisos y sin embargo no terminan de encontrar su lugar, quiénes son. Los aturde el chirrido. Están los que quieren ser originales in extremis y un día aparecen con atuendos estrafalarios buscando aprobación unánime, sin éxito. Están los que quieren seguir siendo adolescentes, quieren divertirse, quieren todo, pero se lamentan después que nadie se los toma demasiado en serio, que no les alcanza la plata o que ya no pueden seguir el mismo tren de salidas que antes.

Y no, m’hijo: “Todo no se puede”. Qué sabias palabras. Me las enseñó mi madre alguna vez y lejos del molde, el corsé o la atadura, son una observación empírica, un llamado de atención, un baño de realidad. “Todo no se puede” resume de alguna manera el concepto de “escasez” sobre el que se basan las Ciencias Económicas, lo que nos remite al principio de esta columna y determina un loop infinito, como para que no se les olvide jamás: “Todo no se puede”. Y con esta voltereta retórica los dejo y me voy a exprimir unas naranjas que todavía no desayuné. Hasta la próxima.

  • Nuesto lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, fue vegetariano durante las últimas cuatro semanas que vivió en Bélgica, hasta que regresó a su natal Juan Lacaze donde se tiró de cabeza contra una tira de asado en la bienvenida que le organizó su familia. Su columna, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes, aunque, sólo por esta vez, se actualiza este jueves.

Los lifestyle consultants también nos enfermamos, porque —es bueno que lo sepan—, también somos seres humanos. Hace días que me aqueja una rinitis primaveral espantosa, tanto que agoté las existencias de papel tisú que tenía en casa. Y eso que siempre estoy bien provisto. Si junté fuerzas para escribir estas líneas y entregar la columna a tiempo es gracias a las infusiones de equinácea que vengo tomando desde ayer, cada tres horas.

¿Que qué es la equinácea? Es una planta herbácea que ayuda al sistema inmunológico, pero no me escuchen a mí, lo buscan en Google y encuentran todo lo que necesitan saber. Es bárbaro Google, no me digan que no.

Qué mejor manera entonces de arrancar hoy sino con el tip express del día. Tomen nota: recomiendo tener siempre a mano algún sobrecito de equinácea, que se compran en cualquier farmacia. La bebida resultante es rica y no necesita azúcar ni nada, pero mi receta incluye además un poquito de miel y jugo de limón. Cuando uno siente que está por agarrase un resfrío o anda un poco decaído, este cocktail no falla. (Igual, como siempre digo, ningún remedio casero sustituye la consulta al médico.)

Logo de Google

GOOGLE. Es bárbaro, no me digan que no.

Una vecina me vio en el ascensor sacando de apuro un pañuelo de papel tisú y me dijo “ah, m’hijo, el cambio de estación…”, y dejó así, la frase inconclusa. Supongo que hablaba de la pelusa de los plátanos, de la temperatura que sube y baja a lo loco. Pero creo que hay un factor clave en todo esto al que no le damos importancia: el horario de verano para ahorrar energía.

Cuando digo ésto mis amigos se matan de la risa y está bien, me gusta hacer reír a mis amigos, pero vamos a aclarar los tantos. Aunque el horario oficial se haya corrido solamente una hora, produce el mismo efecto que el incómodo jet lag. Sí, es exactamente igual y sin siquiera pisar un avión. Si tendré historias para contar de jet lags, pero no vienen al caso. Lo que quiero decir es que está estudiado que por cada huso horario que atravesamos, nuestro cuerpo necesita por lo menos un mes para ajustar su reloj biológico, que parece no es nada fácil de poner en hora. A algunos nos lleva todavía un poco más. Yo, con este resfrío y este cansancio, tengo un jet lag que no puedo más.

Jet lag

HISTORIAS DE JET LAGS. Tengo muchas, pero no vienen al caso.

Aclaro que no estoy para nada en contra del daylight saving time, porque entiendo que en estos tiempos de crisis energética es una medida necesaria. Es bueno saber, simplemente, que el beneficio de ver la luz del sol durante varias horas después de salir del trabajo tiene su precio. A mí, en particular, me despista mucho para la cena, y con esto les doy mi segundo tip express del día, para ir cerrando: ojo con cenar después de las 10 de la noche, que engorda y no nos deja dormir bien. A nadie le gusta que 15 minutos antes de la hora de salida aparezca nuestro jefe con una montaña de documentos para revisar, corregir, firmar y ensobrar. Bueno, al estómago tampoco le gusta ponerse a trabajar a esas horas. Ténganlo en cuenta y hasta la próxima.

  • Nuesto lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, es una presencia habitual en conferencias internacionales sobre “nuevas tendencias y estilo de vida”. El mes pasado dictó en el Fashion & Lifestyle Trade Show de Dubai la conferencia Beneficios y contraindicaciones del prêt-à-porter infantil, que será editada próximamente en formato coffe table book y llevará por título Talle 12. Su columna, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

La Doctrina Isetta

Isetta en la pradera

En las últimas semanas he recibido muchos mails preguntando porqué es que la columna se ha volcado tanto hacia lo que algunos denominan “autoayuda”. Supongo que tiene que ver con que llegó esa época del año en la que uno repasa mentalmente lo que hizo desde el 1° de enero hasta la fecha. Puede ser también por un aspecto clave de mi profesión como lifestyle consultant que se parece mucho al trabajo de un ingeniero civil, y es que nos preocupan los cimientos, los pilotes, las vigas y los contrafuertes. Si no hay una buena base, una estructura sólida, se viene todo abajo.

“Autoayuda” tampoco me parece la palabra más acertada, pero no me quiero extender. Prometo volver a las recetas engergizantes, los cocktails de autor y otros asuntos más prácticos apenas se inaugure la temporada estival, que para mí arranca el día que entro a la casa de mi madre y está el arbolito de Navidad armado y hay perfume a jazmines. Pero me voy de tema.

Hoy quería hablarles, siguiendo la línea de anteriores posts, de la Doctrina Isetta. ¿De qué trata? Pues, muy simple: la Doctrina Isetta habla de entender el mundo como un entramado de autopistas, avenidas, calles, caminos vecinales… y a cada uno de nosotros como un “huevito”, como se les llama con cariño a los Isetta, que por ellos transita. Nuestro kilometraje es la vida.

¿Qué significa todo esto? Que como decíamos antes, nuestra individualidad debería estar protegida en ese microespacio, pero no podemos ignorar el afuera. Parte del asunto radica en entender que no vamos aislados en una burbuja, no. Vamos en un huevito que tiene ventanas, un techo rebatible… y una puerta que se abre hacia adelante. Siempre hacia adelante.

Isetta rojo

HACIA ADELANTE. De este modo se abre la única puerta del Isetta

Tampoco podemos pensar que vamos a andar por ahí indemnes, sin un pinchazo, un desperfecto, un choque. Y es bueno saber que en algún momento vamos a dejar que alguien más suba a nuestro Isetta a dar un paseo. Algunos de esos pasajeros se quedan para siempre. Lo importante, siempe, es estar al volante. Claro que la doctrina, bien aplicada y bien entendida, implica que uno es piloto de su propio huevito, pero también puede ser pasajero en el de otro. Y así va la cosa.

En compañía

QUE ALGUIEN MÁS SUBA A NUESTRO ISETTA A DAR UN PASEO. Es algo que en algún momento vamos a dejar que ocurra

Por si les queda alguna duda, la Doctrina Isetta es una creación mía y refleja al 100% mi Weltanschauung, o sea, mi visión del mundo. ¿Quieren un buen consejo? Tengan su propia Weltanschauung. Todos deberían tener una, trabajada y meditada. Me acuerdo ahora cuando aprendimos el concepto en la facultad y de la emoción cantábamos en el recreo: “Well, shake it up, baby, now, shake it up, baby, Weltanschauung, Weltanschauung”. Pero esa es otra historia.

Si llegan a leer por ahí la Teoría del Fiat 600, no hagan mucho caso, es una variante de ésta que un colega adoptó y adaptó sin consultarme (“plagió” sería la palabra más adecuada), pero bueno, copió mal el modelo: el Fitito, todos sabemos, no tiene una puerta que se abra hacia adelante, siempre hacia adelante. Manejen con cuidado y hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, aparenta más edad de la que tiene desde que se dejó crecer el bigote, hecho que constató porque ahora cuando los niños le hablan le dicen “señor”. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

El otro día estaba yo esperando en la sección fiambres para comprar un poquito de jamón crudo y algo de queso, porque ese día venían amigos a casa, y como siempre aquello era una locura. Creo que tenía algo así como el número 04 y recién iban por el 60 de la serie anterior.

Ante esas situaciones trato de disfrutar el momento y observo a la gente, cómo está vestida, escucho lo que piden, detecto entre los empleados que están al otro lado de la vitrina refrigerada quiénes hacen su trabajo con más dedicación, cómo envuelven los productos. La paciencia, queridos amigos, es una virtud que se cultiva a diario. Mucho más en este mundo en que vivimos, en el que para todo hay que esperar, sacar número, hacer cola. Pero me voy de tema.

La cuestión es que estoico soporté los mil y un pedidos que me precedían y cuando se acercaba mi turno, de la nada, una señora se me aproximó y me dijo: “No te animás a pedirme 200 gramos de jamón magro”. Mi primera reacción fue de sorpresa, pero luego me sentí profundamente violentado. Por un instante que pareció una eternidad pensé qué decirle a esta buena señora. Y le dije que no. Que disculpara, pero que no.

Asertividad

CON CLARIDAD. Así expresa sus pensamientos y sus deseos una persona asertiva.

Ofendida, comentó algo por lo bajo que no logré descifrar y pude ver que intentó suerte con un muchacho más joven y que supongo se debe haber sentido tanto o más incómodo que yo, pero aceptó.

Todo este relato tomado de la vida misma, de una experienca cotidiana, viene a cuento para introducir un concepto que es piedra angular de cualquier consejo o asesoramiento que como lifestyle consultant les pueda dar: la asertividad.

Una persona asertiva expresa su pensamiento y sus deseos con claridad, respetando a su interlocutor pero también ejerciendo su derecho a ser respetado. La asertividad pone una barrera ante personas agresivas, manipuladoras o, si me permiten, ventajeras, que nos quieren convencer de algo que no queremos hacer. Esto pasa tanto y de forma tan sutil que a veces no nos damos cuenta: desde la empleada de la tienda de ropa que nos dice que el vaquero nos queda per-fec-to (y sin embargo nosotros sabemos que hay algo que no está bien), hasta el amigo que casi nos obliga a salir cuando nostros lo único que queremos es descansar.

Saber decir no

UNA BARRERA. Es lo que la asertividad pone ante personas agresivas o manipuladoras que nos quieren convencer de algo que no queremos hacer.

En todos esos casos, la asertividad nos puede ahorrar un mal momento. Siendo asertivos acertamos doblemente, porque no sólo estamos manifestando nuestra voluntad, también, como en el caso de la fiambrería, dando una señal clara de que no seremos cómplices de la mala educación o del chicaneo. La persona asertiva sabe donde terminan sus derechos y empiezan los del otro, es una persona segura de sí misma, sabe decir “apa, esto no” y también “epa, esto sí”. Quienes no somos asertivos por naturaleza, no vamos a lograr serlo de la noche a la mañana. Tenemos que ejercitar un poco todos los días. Prueben y después me cuentan. Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente Jean Font de Bon tenía por delante un fin de semana cargado de compromisos familiares, reuniones de amigos y cumpleaños infantiles. Gracias a que cultiva su asertividad, negoció en buenos términos con su madre y con su pareja para aligerar su agenda, sin culpas, sin peleas y sin reproches. Un tipo que no deja de sorprendernos, este Font de Bon.

Uno nace individuo y muere individuo. Esa es la verdad de la milanesa. Pero últimamente veo señales por aquí, por allá y por acullá que me hacen pensar seriamente que esa individualidad está siendo atacada feroz y tenazmente. Lo que es peor, el ataque viene disfrazado como un canto a la libertad y, oh, el horror, prometiendo la fantasía de la individualidad más única e irrepetible.

Triste. Así se siente uno al comprobar cómo resignamos nuestra individualidad al bajo precio de la moda y la tendencia

Triste. Así se siente uno al comprobar cómo resignamos nuestra individualidad al bajo precio de la moda y la tendencia

Más triste que ver la cadena de huevos en el hollín es comprobar cómo resignamos nuestra individualidad al bajo precio de la moda, la tendencia, empujados por una necesidad de pertenencia a algo que, en perspectiva, nos asemeja más a una colonia gigante de hormigas que a una sociedad civilizada.

Alguien me va a salir a decir que nunca en la historia de la humanidad el hombre (y las mujeres más todavía, con dos nuevas colecciones de ropa por año y una creciente oferta de accesorios para combinar ad infinitum, y todo eso sin contar las líneas de bikinis y mallas) tuvo tantas opciones y maneras disponibles para expresar esta individualidad a la que estoy aludiendo. Me permito discrepar.

Me permito discrepar. Con la gente que dice que nunca en la historia de la humanidad el hombre tuvo tantas opciones y maneras disponibles para expresar su individualidad. Patrañas.

Me permito discrepar. Con la gente que dice que nunca en la historia de la humanidad el hombre tuvo tantas opciones y maneras disponibles para expresar su individualidad. Patrañas.

Como dice mi amigo Raj Patel, autor de Obesos y Famélicos, elegir entre Coca o Pepsi no es elegir. O como dice mi amigo Jonathan Nossiter, director del documental Mondovino, nuestra era se distingue por “la renuncia en masa de la libertad moral, desde el cine a la política, desde el vino a la academia”. Claro que tanto Raj como Jonathan son un poco majaderos y tienen una visión muy sombría de todo, pero algo de razón tienen.

Y a mí me pasa que como lifestyle consultant me llueven las consultas de gente que está aburrida, que no sabe lo que quiere, que está todo el tiempo cansada y no encuentra solaz en la televisión, ni en los libros de Paulo Coelho ni en las liquidaciones de Zara. Y lo único que les puedo decir, para que empecemos a hacer algo para mejorar, es simplemente esto: vuelvan a encontrarse con ustedes mismos, que es lo mismo que decir, recuperen su calidad de individuos. Vamos todos que se puede. Hasta la próxima.

  • Nuesto lifestyle consultant residente Jean Font de Bon, fue nominado en tres ocasiones consecutivas como Joven Sobresaliente del año en la categoría Mecánica ligera y tornería, y es cinturón marrón de Karate-Do Rin-Tyn Tyn. Su blog, Saberes del buen vivir, se actualiza todos los viernes pero últimamente manda los textos cuando se le canta.