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Archive for 28 agosto 2009

Hoy quiero escribir sobre uno de los flagelos más terribles que aqueja a hombres y mujeres de este tiempo: los tuppers. (Si la revista BLa tiene un acuerdo comercial con TupperWare, lo siento, esto sale así como está.) No importa la marca, no importa si es un tacho de helado Crufi. Le digo “no” a los recipientes de plástico para comida. Se venden como una maravilla, con la promesa de conservar mejor nuestra comida y hacernos la vida más fácil. Una falacia grande como una casa.

Tupper1
El problema es que las herramientas del engaño están bien diseñadas. El tupper, en la góndola del supermercado, es brillante y colorido. Algunos hasta tienen un relojito en la tapa para que marquemos la fecha (nadie lo usa), y la variedad de formas y tamaños pueden generar la ilusión de que estamos comprando un objeto de diseño. My god.
No pasan dos semanas que los colores pierden brillo y se empastan unos con otros, el plástico transparente se vuelve gris y opaco. En cajones y placares, tapas y recipientes se entreveran y nunca coinciden unas con otras. Esto me recuerda a la cocina de un semanario donde trabajé un tiempo, donde había una caja a donde iban a parar los tuppers olvidados. Era horrible. El cementerio de los tuppers. Cada vez que pienso en esa imagen me corre un escalofrío por la espalda.
Antes que me tilden de radical (que lo soy, en algunas cosas), déjenme aclarar que entiendo perfectamente que son prácticos y no se rompen. Está bien, pero hagamos un trato: tuppers, sólo para transporte de la vianda al trabajo. Y punto. Mantengámoslos a raya. El exceso de plástico en la cocina no es bueno. A mí me da escozor. En casa, para conservar alimentos tenemos a mano una tecnología milenaria que nunca pasa de moda: el vidrio.
No sé cuál es la base científica para que los alimentos se conserven mejor en envases de vidrio (prometo averiguarlo), pero está claro que no sólo duran más sino que también saben mejor. Prueben si no la Coca-Cola o el dulce de leche en envase de vidrio. Para guardar en la heladera lo que siempre va a parar a un tuppers, alcanza con dos platos, uno abajo y otro como tapa. También existen recipientes de cristal de todo tipo y color. Además, a nuestra casa llegan recipientes de vidrio todo el tiempo que podemos usar. Mi provisión viene de los envases del café instantáneo –sí, todas las mañanas me hago un Nescafé batido con leche– y los frasquitos de aceitunas y cornichons. Vienen bárbaro para guardar un resto de salsa o un sobrante de ensalada. Los dejo por hoy pero háganme el favor: ¡menos plástico!

Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, está preparando su segundo libro, 1001 recetas que hay que cocinar antes que un meteorito destruya la Tierra, y esta semana señó una casa en Punta del Diablo para la segunda quincena de enero. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

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Le digo NO

Le digo NO

Aunque ustedes no lo crean, como lifestyle consultant he tenido que asesorar sobre spas y gimnasios y, como siempre, las consultas llegan cuando ya hay poco o nada por hacer. Al que viene buscando un plan de ejercicio y dieta en diciembre (para nuestros lectores del hemisferio norte, en junio) le digo que disfrute de sus vacaciones y que vuelva el año que viene, pero con tiempo suficiente. En eso soy radicalmente no nonsense.

Y como me gusta predicar con el ejemplo, hace un mes que volví al gimnasio. Me pasa algo parecido a una ex jefa que tuve, que siempre dijo que no pensaba pisar un teatro hasta que pusieran uno en un shopping. Si les cuento cómo terminó no lo van a creer, pero no viene al caso. La cuestión es que yo siempre fui más del club, pero me pusieron el gimnasio en el shopping y no me quedó otra, como le pasó a mi ex jefa. Imagino un futuro donde hasta la emergencia del Casmu va a estar en el shopping (quién te dice), pero me voy de tema.

Si comparo con mis días en el club que supo ser gloria del basket en la década de 1980, el sólo hecho de no tener que colgar la toalla mojada al llegar a casa hace toda la diferencia. Sé que es horrible lo que estoy diciendo, porque todos sabemos que el lavado de toallas implica gasto de agua, jabón, electricidad, por no hablar de las bolsitas plásticas en las que te entregan la toalla. Pero ya hablaremos del consumo sustentable cuando llegue el momento. Mi gimnasio está muy bien y es súper cómodo. Como tiene que ser un gimnasio en un shopping.

Entonces, como para cerrar este post que me quedó larguísimo: le digo no al jogger golondrina. Le digo no a la dieta en Nochebuena. Le digo sí a avivarse ahora que se vino el frío y pasamos la mitad del año a empezar a hacer algo por su bienestar. Agradezcan que no tenemos que andar corriendo mamuts para comer, pero estos cuerpitos no fueron pensados para estar como está usted ahora, sentado frente a una computadora. No se trata de una cuestión puramente estética o sanitaria. Es más bien una cuestión holística, cuasi zen: mente y cuerpo, como hombre y mujer, son dos pero son uno a la vez, pero también son dos. Si lo quiere de otra manera, sí, la cuenta regresiva para el verano ya empezó y es implacable.

Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, mide 1,73 m, pesa 82 kg y en el examen de sangre que se hizo a fines de mayo le dio todo lo más bien, dice. Este fin de semana seguramente vaya a comer a la casa de la madre, porque parece que hay ñoquis caseros. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

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panna cotta

Tengo que agradecer en primer lugar a los lectores que por mail y carta –sí, por carta también– me hacen llegar sus comentarios y preguntas.

Sé que a veces doy por sentado que todos sabemos de lo que hablamos cuando hablamos de crema exfoliante, de panna cotta, de la regla de los cuatro colores o de la ley de Hubble. Así que hoy despejaremos la duda de Roberto, que nos escribe desde Punta Gorda, para preguntarnos: ¿qué es un lifestyle consultant?

Me parece muy acertada tu pregunta, Roberto, porque si ésta es la columna de un lifestyle consultant y no sabemos ni lo que es… estamos en el oven.

Primero empezaré por aclarar que lifestyle consultants hubo siempre, solo que no nos dábamos por enterados. Segundo, un lifestyle consultant puede ser todo lo que vos quieras o vos necesites que sea en un determinado momento. A saber: asesor de imagen, event planner, relacionista público, personal shopper, personal trainer, consultor gastronómico, consultor en protocolo, mentor social… todo eso, concentrado en una sola persona. Que en este caso vengo a ser yo.

Lifestyle consultant

En contra de lo que postula esta nota de CNN, un lifestyle consultant no es un amigo de alquiler ni la persona que te va a decir qué música tenés que escuchar, aunque quiero que sepan que ahora que murió Michael Jackson el revival de los noventa está a la vuelta de la esquina… sí, vayan buscando los discos viejos de Nirvana y Guns n’ Roses, y ya que están, la campera frazada y las bandanas. Después no digan que no les avisé. Pero me voy de tema.

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Resumiendo, Roberto, un lifestyle consultant es un profesional que está para orientar, despejar dudas, aconsejar, para que la persona que recurre a él obtenga lo mejor dadas sus posibilidades y circunstancias. Un lifestyle consultant no es ningún gurú ni un fabricante de milagros, que quede claro. Estamos para ayudar. En lo que se pueda. A fin de cuentas, vivir bien es más barato de lo que uno piensa y más fácil de lo que uno cree. Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, participó como panelista de las XVII Jornadas de Actualización Ideológica para Hoteles Boutique y Tiendas de Diseño en Maracaibo, Venezuela. Es fanático de la fugazzeta, las lámparitas de bajo consumo y las cucharas Zeroll. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

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Esto les va a sonar como una obviedad, pero nunca está de más repetirlo: todo hombre debería hacerse un baño de crema por lo menos dos veces al año. Es la única manera de mantener el cabello sano y saludable en estos tiempos de radiación ultravioleta, autos con escape libre y sushi de jamón y queso. Sí, así como lo leen, sushi de jamón y queso. Una vergüenza. Es cuando uno piensa que este brave new world en el que vivimos no tiene nada de brave y mucho menos de new. Tenemos que conformarnos con el world a secas, tal como es, terminando ya la primera década de este siglo XXI.

Pero volviendo al baño de crema, no hay que tener ninguna vergüenza en preguntarle al peluquero, que va a quedar encantado con la consulta. Mucho más si se gana un nuevo cliente en la franja de servicios premium. No voy a entrar a detallar aquí la explosión de esta tendencia pero sépanlo, es hacia allí a donde todos vamos. No en vano soy fanático y ardiente defensor de las líneas D1 y D11, y prácticamente me declaro autor intelectual de esa maravilla del transporte urbano que es el intershoppings, más conocido como el DM1, con escala el en aeropuerto y destino en Zonamerica. Y me voy de tema otra vez, así que vamos a la esencia de este post: no dude en preguntar cuánto sale, cuánto demora y qué es bien el baño de crema. Para resumirlo, es un shock de hidratación, proteínas, vitaminas y todas esas cosas que promocionan en los comerciales de shampoo y le hacen tan bien al pelo. Dos por año dejan a cualquiera en el safe side capilar (cómo me gusta esa expresión: “el lado seguro”). Su novia notará la diferencia. Usted también.

Cierro este post inaugural dejando planteada la invitación a que comenten y vuelvan pronto por aquí. Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, es egresado del Institut des Hautes Etudes du Goût de Leuven, Bélgica, y Licenciado en Relaciones Públicas por la Jeremy Irons School of Manners, de Londres. Es fanático declarado de las milanesas de soja, el yogur Claldy y los championes Topper. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

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