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Archive for 30 octubre 2009

El otro día estaba yo esperando en la sección fiambres para comprar un poquito de jamón crudo y algo de queso, porque ese día venían amigos a casa, y como siempre aquello era una locura. Creo que tenía algo así como el número 04 y recién iban por el 60 de la serie anterior.

Ante esas situaciones trato de disfrutar el momento y observo a la gente, cómo está vestida, escucho lo que piden, detecto entre los empleados que están al otro lado de la vitrina refrigerada quiénes hacen su trabajo con más dedicación, cómo envuelven los productos. La paciencia, queridos amigos, es una virtud que se cultiva a diario. Mucho más en este mundo en que vivimos, en el que para todo hay que esperar, sacar número, hacer cola. Pero me voy de tema.

La cuestión es que estoico soporté los mil y un pedidos que me precedían y cuando se acercaba mi turno, de la nada, una señora se me aproximó y me dijo: “No te animás a pedirme 200 gramos de jamón magro”. Mi primera reacción fue de sorpresa, pero luego me sentí profundamente violentado. Por un instante que pareció una eternidad pensé qué decirle a esta buena señora. Y le dije que no. Que disculpara, pero que no.

Asertividad

CON CLARIDAD. Así expresa sus pensamientos y sus deseos una persona asertiva.

Ofendida, comentó algo por lo bajo que no logré descifrar y pude ver que intentó suerte con un muchacho más joven y que supongo se debe haber sentido tanto o más incómodo que yo, pero aceptó.

Todo este relato tomado de la vida misma, de una experienca cotidiana, viene a cuento para introducir un concepto que es piedra angular de cualquier consejo o asesoramiento que como lifestyle consultant les pueda dar: la asertividad.

Una persona asertiva expresa su pensamiento y sus deseos con claridad, respetando a su interlocutor pero también ejerciendo su derecho a ser respetado. La asertividad pone una barrera ante personas agresivas, manipuladoras o, si me permiten, ventajeras, que nos quieren convencer de algo que no queremos hacer. Esto pasa tanto y de forma tan sutil que a veces no nos damos cuenta: desde la empleada de la tienda de ropa que nos dice que el vaquero nos queda per-fec-to (y sin embargo nosotros sabemos que hay algo que no está bien), hasta el amigo que casi nos obliga a salir cuando nostros lo único que queremos es descansar.

Saber decir no

UNA BARRERA. Es lo que la asertividad pone ante personas agresivas o manipuladoras que nos quieren convencer de algo que no queremos hacer.

En todos esos casos, la asertividad nos puede ahorrar un mal momento. Siendo asertivos acertamos doblemente, porque no sólo estamos manifestando nuestra voluntad, también, como en el caso de la fiambrería, dando una señal clara de que no seremos cómplices de la mala educación o del chicaneo. La persona asertiva sabe donde terminan sus derechos y empiezan los del otro, es una persona segura de sí misma, sabe decir “apa, esto no” y también “epa, esto sí”. Quienes no somos asertivos por naturaleza, no vamos a lograr serlo de la noche a la mañana. Tenemos que ejercitar un poco todos los días. Prueben y después me cuentan. Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente Jean Font de Bon tenía por delante un fin de semana cargado de compromisos familiares, reuniones de amigos y cumpleaños infantiles. Gracias a que cultiva su asertividad, negoció en buenos términos con su madre y con su pareja para aligerar su agenda, sin culpas, sin peleas y sin reproches. Un tipo que no deja de sorprendernos, este Font de Bon.

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Uno nace individuo y muere individuo. Esa es la verdad de la milanesa. Pero últimamente veo señales por aquí, por allá y por acullá que me hacen pensar seriamente que esa individualidad está siendo atacada feroz y tenazmente. Lo que es peor, el ataque viene disfrazado como un canto a la libertad y, oh, el horror, prometiendo la fantasía de la individualidad más única e irrepetible.

Triste. Así se siente uno al comprobar cómo resignamos nuestra individualidad al bajo precio de la moda y la tendencia

Triste. Así se siente uno al comprobar cómo resignamos nuestra individualidad al bajo precio de la moda y la tendencia

Más triste que ver la cadena de huevos en el hollín es comprobar cómo resignamos nuestra individualidad al bajo precio de la moda, la tendencia, empujados por una necesidad de pertenencia a algo que, en perspectiva, nos asemeja más a una colonia gigante de hormigas que a una sociedad civilizada.

Alguien me va a salir a decir que nunca en la historia de la humanidad el hombre (y las mujeres más todavía, con dos nuevas colecciones de ropa por año y una creciente oferta de accesorios para combinar ad infinitum, y todo eso sin contar las líneas de bikinis y mallas) tuvo tantas opciones y maneras disponibles para expresar esta individualidad a la que estoy aludiendo. Me permito discrepar.

Me permito discrepar. Con la gente que dice que nunca en la historia de la humanidad el hombre tuvo tantas opciones y maneras disponibles para expresar su individualidad. Patrañas.

Me permito discrepar. Con la gente que dice que nunca en la historia de la humanidad el hombre tuvo tantas opciones y maneras disponibles para expresar su individualidad. Patrañas.

Como dice mi amigo Raj Patel, autor de Obesos y Famélicos, elegir entre Coca o Pepsi no es elegir. O como dice mi amigo Jonathan Nossiter, director del documental Mondovino, nuestra era se distingue por “la renuncia en masa de la libertad moral, desde el cine a la política, desde el vino a la academia”. Claro que tanto Raj como Jonathan son un poco majaderos y tienen una visión muy sombría de todo, pero algo de razón tienen.

Y a mí me pasa que como lifestyle consultant me llueven las consultas de gente que está aburrida, que no sabe lo que quiere, que está todo el tiempo cansada y no encuentra solaz en la televisión, ni en los libros de Paulo Coelho ni en las liquidaciones de Zara. Y lo único que les puedo decir, para que empecemos a hacer algo para mejorar, es simplemente esto: vuelvan a encontrarse con ustedes mismos, que es lo mismo que decir, recuperen su calidad de individuos. Vamos todos que se puede. Hasta la próxima.

  • Nuesto lifestyle consultant residente Jean Font de Bon, fue nominado en tres ocasiones consecutivas como Joven Sobresaliente del año en la categoría Mecánica ligera y tornería, y es cinturón marrón de Karate-Do Rin-Tyn Tyn. Su blog, Saberes del buen vivir, se actualiza todos los viernes pero últimamente manda los textos cuando se le canta.

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Hay dos cosas que me fastidian particularmente. Una es la gente que no apaga su teléfono celular en el cine. La segunda es que un amigo me invite a su casa y no me ofrezca ni un vaso de agua. Dirán que soy anticuado, pero no lo creo así. Ser buen anfitrión nunca pasó de moda.

Reconozco que no todo el mundo tuvo lecciones de primera mano como las que yo aprendí de mi santa madre, quizá la mejor anfitriona que conozco. Es verdad, a veces se le iba la moto con tanta preparación cuando nos juntábamos en casa a estudiar con mis amigos, que estaban más pendientes de cuándo venían las pizzas caseras que de los ejercicios de Matemática A. Pero me voy de tema. Ser un buen anfitrión es, más a cierta edad y mucho más cuando uno ya tiene su propia casa en la que recibe a sus amistades, un skill básico y elemental. No hay excusas para no ofrecer un café, un té, un refresco, unas galletitas. Es el grado cero de la hospitalidad.

La palabra anfitrión proviene justamente de alguien que era muy bueno en esto de recibir gente, Anfitrión, rey de Tebas, un tipo que, parece, armaba unos banquetes bárbaros y todo el mundo le agradecía y felicitaba: “Sos muy bueno, Anfitrión”.

En realidad la historia es más complicada, pero no viene al caso. Lo que sí importa son las tres o cuatro cosas que hay que tener siempre de reserva por si nos caen visitas:

* agua mineral (con o sin gas; mi preferida, Salus en botella de vidrio)

* café, té (no me voy a poner exigente, pero si podemos evitar el café glaseado y tenemos té de varios gustos, mucho mejor)

* una Coca-Cola común y otra light en la heladera (sin abrir, obvio)

* galletitas saladas (al agua, de salvado, integrales, como más les gusten; van bien con lo que sea, queso de untar, mermelada, paté… you name it)

A partir de acá, cualquier agregado extra puede convertir esta lista en una merienda hecha y derecha. O en una picada, que es para mi gusto la manera más simple y efectiva de salir del paso cuando tenemos visitas, esperadas o sorpresivas.

Aquí, los ingredientes de la picada básica. Se aplica como siempre la regla de los cuatro colores:

* maní (pelado, sin pelar, con o sin sal, no importa: maní)

* aceitunas (verdes, negras, si tienen carozo no olvidar agregar un pote vacío para dejarlos)

* queso en cubitos (un Fontina, un Dambo, pero por qué no un Semi duro, un Gruyere, un Colonia; lo que tengan a mano)

* salamín (un amigo me dijo una vez que si no tiene salamín no es picada, y tenía razón)

Aceitunas: si tienen carozo, no olvidar agregar un pote vacío para dejarlos

Aceitunas. Si tienen carozo, no olvidar agregar un pote vacío para dejarlos

La regla de los cuatro colores se explica sola, ¿no? (Quiere decir que no hagan una picada con Pali Chips, Papas Chips, Doritos y Saladix, porque les va a quedar cromáticamente empastado, lo que no quita que cualquiera de ellos resulte un gran complemento.)

La picada: es, para mi gusto, la manera más simple y efectiva de salir del paso cuando tenemos visitas, esperadas o sorpresivas

La picada. Es, para mi gusto, la manera más simple y efectiva de salir del paso cuando tenemos visitas, esperadas o sorpresivas

Esto va a sonar como una obviedad, pero el buen anfitrión siempre tiene guardado un buen vino, una botella de whisky importado (ésta vale que esté abierta, pero es de mal gusto llevarla a la mesa si lo que queda es un fondito) o una cerveza bien helada (si el invitado llegó de forma imprevista, el truco está en ponerla inmediatamente en el freezer y estirar la charla; después de 40 minutos debería estar a una temperatura aceptable).

Sola. Así se explica la regla de los cuatro colores

Sola. Así se explica la regla de los cuatro colores

Con la picada sobre la mesa, una buena conversación se asegura apagando la televisión y con música a un volumen que permita charlar con comodidad. Y ahora sean sinceros: ¿no es lindo recibir gente en casa? Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, tiene un sacapuntas con forma de robot y lee a Arthur Schopenhauer desde archivos PDF que baja de Internet. Es fanático declarado del spinning, las medialunas rellenas de jamón y queso y las corbatas símil seda. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los martes y los viernes.

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Antes que nada, quiero agradecer públicamente los comentarios que estoy recibiendo en mi dirección de correo electrónico. También avisarles que muy pronto comenzaré a evacuar las dudas puntuales que muchos de ustedes me han planteado por ese medio. Dicho esto, paso al tema de hoy que tiene que ver con el buen descanso.

Si somos un manojo de nervios, es difícil que podamos dormir plácidamente

Si somos un manojo de nervios, es difícil que podamos dormir plácidamente

Cada vez escucho más las quejas de gente joven que tiene problemas para conciliar el sueño, sobre todo mis amigos que trabajan en agencias de publicidad. No exagero cuando digo que un dormir bien es esencial para una vida plena. Por ende, invertir en ello debe ser la plata mejor gastada, como cuando uno revienta los ahorros en un viaje. Hace unos años, compré un colchón con somier (sí, está castellanizada la palabra) y de regalo venían dos almohadas. Bárbaro, pensé, porque con todos los gastos de la mudanza, cualquier peso que me pudiera ahorrar me venía al pelo. Pero como siempre digo, lo barato sale caro. Un par de meses después, las almohadas empezaron a deformarse y todas las mañanas me levantaba con un dolor de cuello espantoso.
Demoré en darme cuenta cuál era el origen del problema. Pasaron meses hasta que noté que las almohadas se habían convertido en una masa deforme de polyfom. Y ahí dije no va más, fui y me compré dos almohadas viscoelásticas, esas que apoyás la cabeza y se van ajustando al contorno. Salieron un poco caras, es cierto, pero qué bien que duermo ahora.

El tema de la almohada, de tener un buen colchón, de las condiciones óptimas de luz y sonido para conciliar el sueño, es sólo una parte. Porque la otra parte tiene que ver con el estado mental con que llegamos a la cama. Si somos un manojo de nervios, es difícil que podamos dormir plácidamente, por mucho colchón pillow-top o almohada de pluma de ganso australiano.

Se cae de maduro que, por lo menos un par de horas antes de ir a dormir, conviene evitar cualquier clase de estimulante: café, chocolate, cigarrillos, alcohol y, si me permiten, televisión. En cambio, una infusión de tilo o cedrón resulta el aliado perfecto, un ritual previo al sueño en el que podemos aprovechar para bajar las revoluciones. Otro tip que me resulta súper efectivo es hacer una lista de las cosas que quiero o debo hacer al otro día y pegarla con un imán en la heladera. Los problemas que se queden el freezer porque yo me voy a dormir.

Fui y me compré dos almohadas viscoelásticas y ahora duermo como un campeón

Fui y me compré dos almohadas viscoelásticas y ahora duermo como un campeón

Por último, unos minutos de respiración lenta y profunda con los ojos bien cerrados es muy recomendable para un estado de relajación superior. Si quieren, escuchen Enya mientras lo hacen, pero a mí Enya me cae pésimo. Además, mi equipo no tiene control remoto así que después me tendría que levantar para apagarlo. Que duerman bien. Hasta la próxima.

Hasta un perro puede dormir bien

Consejo anti-stress: lleven siempre encima algo de cambio, porque en esta ciudad andar con un billete de $ 1.000 es casi como andar sin plata.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, fue dos veces a Busch Gardens, en Tampa, Florida, y volvería a ir porque es fanático de los tigres albinos y las montañas rusas. También le encanta la ensalada rusa con bastante mayonesa . Su blog, Saberes del buen vivir, se actualiza todos los viernes.

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