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Archive for the ‘Tips’ Category

El otro día estaba leyendo un artículo muy interesante sobre el dibujante de historietas Robert Crumb, y bien en el arranque de la nota el autor aclaraba que en inglés “crumb” significa “migaja”. En ese momento, sin ningún afán ególatra ni nada que se le parezca, me pareció que ya era hora de aclarar que en francés “font de bon” significa, más o menos, “ser de bien”… no en vano, uno terminó dedicándose a ésto, pero no me quiero ir de tema y tampoco me gusta alardear con mi francés. Como siempre digo, estamos acá para ayudar.

“SER DE BIEN”. Es lo que, en francés, significa “font de bon”, mi apellido. Por algo es.

Quería contarles que el fin de semana pasado me hice una escapada a Juan Lacaze y encontré, como todos los años, el arbolito de Navidad armado y ese perfume a jazmines que agranda la casa y hace que todo se vea más lindo, incluso la repisa con souvenirs de viajes. Sobre la mesa de la cocina me esperaba una manzanita Fagar en vaso de requesón con mucho hielo, que yo siempre digo, es la bebida oficial de Colonia. Y ahí sí, respiré hondo y dije: arrancó el verano.

Y como les prometí que haría cuando llegara este momento, vamos a dedicar las columnas de las próximas semanas a los tips básicos de esta época, a algunas recetas ideales para combatir el calor y también a algunos consejos sobre “etiqueta de la casa de verano compartida”, que nunca está de más tener en cuenta.

QUE EL MUNDO PAREZCA UN LUGAR MEJOR. Eso es lo que hace tomarse un buen Negroni. Lo prueban y después me dicen.

Pongamos manos a la obra. Para inaugurar la temporada, nada mejor que tomarse un buen Negroni. Cuando me hago uno siento que el monoambiente se transforma en un amplio loft, que mi balconcito pasa a ser un deck de madera y el edificio en obra que tengo enfrente… bueno, eso no cambia, sigue siendo el edificio en obra que tengo enfrente. Pero como decía, el Negroni es de esos tragos que, como el perfume de los jazmines de la casa de mi madre, hace que el mundo parezca un lugar mejor.

Como siempre pasa con el origen de los tragos, los datos son difusos y difíciles de comprobar, pero todos los caminos conducen a Florencia, en la década de 1920, y al conde Camillo Negroni, de quien el trago toma su nombre. Parece que un buen día el conde pidió a su barman de confianza, Fosco Scarselli, que le hiciera una variante al Americano de siempre, con gin en vez de soda. Más o menos es así la cosa.

Lo que nos queda hoy, casi un siglo después, es que el Negroni es un trago clásico, refrescante y muy fácil de preparar: tres partes iguales de dry gin, vermouth rojo y bitter Campari. Se sirve directamente en un vaso bajo -un old fashioned es ideal- con un par de cubitos de hielo y se adorna con un espiral de cáscara de naranja, que se puede torcer sobre el trago para perfumarlo. Una maravilla, una prueba de que el ars combinatoria es realmente un arte. Ideal para escapar del whisky y la cerveza, y abrir el apetito antes de una cena liviana con amigos.

Los dejo que me esperan de la inmobiliaria para ir a ver un apartamento acá a la vuelta. Quién les dice que no arranque el 2010 en casa nueva. Disfruten del fin de semana, tomen mucha agua y hasta la próxima.

Negroni:

1/3 dry gin

1/3 vermouth rojo

1/3 bitter Campari

Cómo lo hago: Servir directamente en vaso bajo con cubos de hielo (el que sabe, hace los cubitos con agua mineral), y se decora con un espiral de cáscara de naranja, antes torciéndolo levemente sobre el vaso para perfumar la bebida. Y bueno, obvio que si consiguen un gin importado la cosa cambia. Lo prueban y después me dicen.

Tip express estival: el talco, siempre un aliado, y no tengo más nada que agregar.

  • Nuestro experto residente Jean Font de Bon se declara un gran admirador de Joan Green, pionero en el Río de la Plata en esto de la lifestyle consultancy. Si se lo cruza este verano en Punta del Este, no lo duda, le pide foto y autógrafo. Su columna, Saberes para el buen vivir, se actuliza todos los viernes.
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Por estos días emprendí la engorrosa tarea de bajar de la parte más alta e inaccesible del placar toda la ropa de verano y subir la de invierno. Uno se siente a gusto cuando hace estas cosas porque aparecen por aquí y por allá recuerdos asociados a la época del año en la que por lo general tomamos vacaciones, descansamos y la pasamos bien. También es un ejercicio de previsión, que se aplica a muchos otros órdenes de la vida. Como en la fábula de la cigarra y las hormigas, el que toma las mínimas precauciones antes del cambio de estación sale mejor parado, pero es horrible tener que identificarse con las hormigas. Hagan como que no les dije nada.

MEJOR PARADO. Así sale quien toma las mínimas precauciones antes del cambio de estación

MEJOR PARADO. Así sale quien toma las mínimas precauciones antes del cambio de estación

Volviendo a mi columna de hoy, iba a estar dedicada a profundizar en algunos tips básicos para el verano, como que se tomen en serio lo de cuidarse del sol de pies a cabeza, que se hidraten mucho, todo lo que puedan, que descansen pero también que aprovechen los primeros días de enero, cuando el tiempo parece suspendido, para trazar un plan de acción del año: dos o tres metas principales, dos o tres secundarias, y luego reflexionar un momento sobre cómo pensamos llegar a ellas. Esto vendría a ser la macrolista de tareas para el año, nuestra hoja de ruta.

De todo eso les iba a hablar hoy, pero mientras apuntaba las ideas en mi Moleskine, sentado en el ómnibus, me llamó la atención el comportamiento del chofer: saludaba a los pasajeros al subir. A todos y cada uno, con un “Buenos días, buenos días, bienvenidos”. Está claro que a mí también me saludó igual, pero en el momento no le presté atención.

Ustedes dirán “qué bárbaro”, “qué educado”, y casi que puedo escucharlos exclamando “ojalá fueran todos así”. Sin embargo, como lifestyle consultant no puedo dejar pasar esta oportunidad para plantear un tema básico sobre la etiqueta y el comportamiento en lugares públicos. Lo que quiero decir es que el chofer, repitiendo como autómata el “buenos días” a todos los pasajeros con una sonrisa de cartulina, me pareció un desubicado total.

Pensarán que me contradigo, porque soy defensor acérrimo del saludo como norma básica de cortesía. Pensarán que soy un radical -que no lo soy, salvo excepciones como ésta-, porque me la agarro contra el chofer amable. Pensarán que me quejo por todo, que no es cierto, sólo estoy haciendo mi trabajo, poniendo el tema sobre el tapete.

UN DESUBICADO TOTAL. Es lo que me pareció el chofer del ómnibus, que se la pasó repitiendo el “buenos días” como un autómata a todos los pasajeros

De ninguna manera estoy censurando la urbanidad de este señor, pero por regla tampoco aliento los extremismos. La amabilidad y la generosidad excesiva resultan sospechosas. Es la verdad de la milanesa. Dirán que es una señal más de lo mal que está el mundo, pero lamentablemente es así. Como siempre digo, para romper las reglas primero hay que conocerlas: abstengámonos de excesos de toda índole, al menos en público y sobre todo con desconocidos. En el caso de la amabilidad, se puede confundir con un exceso de confianza. Y no debe haber nada peor que un confianzudo.

En el caso de la generosidad, el exceso pone al otro en un lugar incómodo, muy incómodo: el del compromiso forzado. Acá, el chofer vendría a ser la cigarra, que canta sin que nadie se lo pida, pero una vez más me rechina la metáfora (otra vez terminamos siendo las hormigas). Así que hagan de cuenta que no dije nada. Pero sí recuerden lo de evitar excesos.

¿Cómo debería hacer el chofer si quiere ser amable, si quiere “humanizar” el transporte colectivo? Pues muy sencillo. Con solo un “buenos días” genérico en el momento justo, que vaya destinado a todos los pasajeros que suben en una parada. Así estaría más que bien, y yo desde mi asiento hubiese pensado: “Qué bárbaro, qué educado el chofer, ojalá fueran todos así”. Aprovechen el fin de semana y hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, no sale a la calle sin una buena untada de pantalla solar factor 30 y una botellita de agua mineral. Los lectores pueden dejar sus consultas en el área de comentarios y él con mucho gusto evacuará sus inquietudes. Saberes para el buen vivir se actualiza todos los viernes.

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Los lifestyle consultants también nos enfermamos, porque —es bueno que lo sepan—, también somos seres humanos. Hace días que me aqueja una rinitis primaveral espantosa, tanto que agoté las existencias de papel tisú que tenía en casa. Y eso que siempre estoy bien provisto. Si junté fuerzas para escribir estas líneas y entregar la columna a tiempo es gracias a las infusiones de equinácea que vengo tomando desde ayer, cada tres horas.

¿Que qué es la equinácea? Es una planta herbácea que ayuda al sistema inmunológico, pero no me escuchen a mí, lo buscan en Google y encuentran todo lo que necesitan saber. Es bárbaro Google, no me digan que no.

Qué mejor manera entonces de arrancar hoy sino con el tip express del día. Tomen nota: recomiendo tener siempre a mano algún sobrecito de equinácea, que se compran en cualquier farmacia. La bebida resultante es rica y no necesita azúcar ni nada, pero mi receta incluye además un poquito de miel y jugo de limón. Cuando uno siente que está por agarrase un resfrío o anda un poco decaído, este cocktail no falla. (Igual, como siempre digo, ningún remedio casero sustituye la consulta al médico.)

Logo de Google

GOOGLE. Es bárbaro, no me digan que no.

Una vecina me vio en el ascensor sacando de apuro un pañuelo de papel tisú y me dijo “ah, m’hijo, el cambio de estación…”, y dejó así, la frase inconclusa. Supongo que hablaba de la pelusa de los plátanos, de la temperatura que sube y baja a lo loco. Pero creo que hay un factor clave en todo esto al que no le damos importancia: el horario de verano para ahorrar energía.

Cuando digo ésto mis amigos se matan de la risa y está bien, me gusta hacer reír a mis amigos, pero vamos a aclarar los tantos. Aunque el horario oficial se haya corrido solamente una hora, produce el mismo efecto que el incómodo jet lag. Sí, es exactamente igual y sin siquiera pisar un avión. Si tendré historias para contar de jet lags, pero no vienen al caso. Lo que quiero decir es que está estudiado que por cada huso horario que atravesamos, nuestro cuerpo necesita por lo menos un mes para ajustar su reloj biológico, que parece no es nada fácil de poner en hora. A algunos nos lleva todavía un poco más. Yo, con este resfrío y este cansancio, tengo un jet lag que no puedo más.

Jet lag

HISTORIAS DE JET LAGS. Tengo muchas, pero no vienen al caso.

Aclaro que no estoy para nada en contra del daylight saving time, porque entiendo que en estos tiempos de crisis energética es una medida necesaria. Es bueno saber, simplemente, que el beneficio de ver la luz del sol durante varias horas después de salir del trabajo tiene su precio. A mí, en particular, me despista mucho para la cena, y con esto les doy mi segundo tip express del día, para ir cerrando: ojo con cenar después de las 10 de la noche, que engorda y no nos deja dormir bien. A nadie le gusta que 15 minutos antes de la hora de salida aparezca nuestro jefe con una montaña de documentos para revisar, corregir, firmar y ensobrar. Bueno, al estómago tampoco le gusta ponerse a trabajar a esas horas. Ténganlo en cuenta y hasta la próxima.

  • Nuesto lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, es una presencia habitual en conferencias internacionales sobre “nuevas tendencias y estilo de vida”. El mes pasado dictó en el Fashion & Lifestyle Trade Show de Dubai la conferencia Beneficios y contraindicaciones del prêt-à-porter infantil, que será editada próximamente en formato coffe table book y llevará por título Talle 12. Su columna, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

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