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Hay dos cosas que me fastidian particularmente. Una es la gente que no apaga su teléfono celular en el cine. La segunda es que un amigo me invite a su casa y no me ofrezca ni un vaso de agua. Dirán que soy anticuado, pero no lo creo así. Ser buen anfitrión nunca pasó de moda.

Reconozco que no todo el mundo tuvo lecciones de primera mano como las que yo aprendí de mi santa madre, quizá la mejor anfitriona que conozco. Es verdad, a veces se le iba la moto con tanta preparación cuando nos juntábamos en casa a estudiar con mis amigos, que estaban más pendientes de cuándo venían las pizzas caseras que de los ejercicios de Matemática A. Pero me voy de tema. Ser un buen anfitrión es, más a cierta edad y mucho más cuando uno ya tiene su propia casa en la que recibe a sus amistades, un skill básico y elemental. No hay excusas para no ofrecer un café, un té, un refresco, unas galletitas. Es el grado cero de la hospitalidad.

La palabra anfitrión proviene justamente de alguien que era muy bueno en esto de recibir gente, Anfitrión, rey de Tebas, un tipo que, parece, armaba unos banquetes bárbaros y todo el mundo le agradecía y felicitaba: “Sos muy bueno, Anfitrión”.

En realidad la historia es más complicada, pero no viene al caso. Lo que sí importa son las tres o cuatro cosas que hay que tener siempre de reserva por si nos caen visitas:

* agua mineral (con o sin gas; mi preferida, Salus en botella de vidrio)

* café, té (no me voy a poner exigente, pero si podemos evitar el café glaseado y tenemos té de varios gustos, mucho mejor)

* una Coca-Cola común y otra light en la heladera (sin abrir, obvio)

* galletitas saladas (al agua, de salvado, integrales, como más les gusten; van bien con lo que sea, queso de untar, mermelada, paté… you name it)

A partir de acá, cualquier agregado extra puede convertir esta lista en una merienda hecha y derecha. O en una picada, que es para mi gusto la manera más simple y efectiva de salir del paso cuando tenemos visitas, esperadas o sorpresivas.

Aquí, los ingredientes de la picada básica. Se aplica como siempre la regla de los cuatro colores:

* maní (pelado, sin pelar, con o sin sal, no importa: maní)

* aceitunas (verdes, negras, si tienen carozo no olvidar agregar un pote vacío para dejarlos)

* queso en cubitos (un Fontina, un Dambo, pero por qué no un Semi duro, un Gruyere, un Colonia; lo que tengan a mano)

* salamín (un amigo me dijo una vez que si no tiene salamín no es picada, y tenía razón)

Aceitunas: si tienen carozo, no olvidar agregar un pote vacío para dejarlos

Aceitunas. Si tienen carozo, no olvidar agregar un pote vacío para dejarlos

La regla de los cuatro colores se explica sola, ¿no? (Quiere decir que no hagan una picada con Pali Chips, Papas Chips, Doritos y Saladix, porque les va a quedar cromáticamente empastado, lo que no quita que cualquiera de ellos resulte un gran complemento.)

La picada: es, para mi gusto, la manera más simple y efectiva de salir del paso cuando tenemos visitas, esperadas o sorpresivas

La picada. Es, para mi gusto, la manera más simple y efectiva de salir del paso cuando tenemos visitas, esperadas o sorpresivas

Esto va a sonar como una obviedad, pero el buen anfitrión siempre tiene guardado un buen vino, una botella de whisky importado (ésta vale que esté abierta, pero es de mal gusto llevarla a la mesa si lo que queda es un fondito) o una cerveza bien helada (si el invitado llegó de forma imprevista, el truco está en ponerla inmediatamente en el freezer y estirar la charla; después de 40 minutos debería estar a una temperatura aceptable).

Sola. Así se explica la regla de los cuatro colores

Sola. Así se explica la regla de los cuatro colores

Con la picada sobre la mesa, una buena conversación se asegura apagando la televisión y con música a un volumen que permita charlar con comodidad. Y ahora sean sinceros: ¿no es lindo recibir gente en casa? Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, tiene un sacapuntas con forma de robot y lee a Arthur Schopenhauer desde archivos PDF que baja de Internet. Es fanático declarado del spinning, las medialunas rellenas de jamón y queso y las corbatas símil seda. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los martes y los viernes.
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Antes que nada, quiero agradecer públicamente los comentarios que estoy recibiendo en mi dirección de correo electrónico. También avisarles que muy pronto comenzaré a evacuar las dudas puntuales que muchos de ustedes me han planteado por ese medio. Dicho esto, paso al tema de hoy que tiene que ver con el buen descanso.

Si somos un manojo de nervios, es difícil que podamos dormir plácidamente

Si somos un manojo de nervios, es difícil que podamos dormir plácidamente

Cada vez escucho más las quejas de gente joven que tiene problemas para conciliar el sueño, sobre todo mis amigos que trabajan en agencias de publicidad. No exagero cuando digo que un dormir bien es esencial para una vida plena. Por ende, invertir en ello debe ser la plata mejor gastada, como cuando uno revienta los ahorros en un viaje. Hace unos años, compré un colchón con somier (sí, está castellanizada la palabra) y de regalo venían dos almohadas. Bárbaro, pensé, porque con todos los gastos de la mudanza, cualquier peso que me pudiera ahorrar me venía al pelo. Pero como siempre digo, lo barato sale caro. Un par de meses después, las almohadas empezaron a deformarse y todas las mañanas me levantaba con un dolor de cuello espantoso.
Demoré en darme cuenta cuál era el origen del problema. Pasaron meses hasta que noté que las almohadas se habían convertido en una masa deforme de polyfom. Y ahí dije no va más, fui y me compré dos almohadas viscoelásticas, esas que apoyás la cabeza y se van ajustando al contorno. Salieron un poco caras, es cierto, pero qué bien que duermo ahora.

El tema de la almohada, de tener un buen colchón, de las condiciones óptimas de luz y sonido para conciliar el sueño, es sólo una parte. Porque la otra parte tiene que ver con el estado mental con que llegamos a la cama. Si somos un manojo de nervios, es difícil que podamos dormir plácidamente, por mucho colchón pillow-top o almohada de pluma de ganso australiano.

Se cae de maduro que, por lo menos un par de horas antes de ir a dormir, conviene evitar cualquier clase de estimulante: café, chocolate, cigarrillos, alcohol y, si me permiten, televisión. En cambio, una infusión de tilo o cedrón resulta el aliado perfecto, un ritual previo al sueño en el que podemos aprovechar para bajar las revoluciones. Otro tip que me resulta súper efectivo es hacer una lista de las cosas que quiero o debo hacer al otro día y pegarla con un imán en la heladera. Los problemas que se queden el freezer porque yo me voy a dormir.

Fui y me compré dos almohadas viscoelásticas y ahora duermo como un campeón

Fui y me compré dos almohadas viscoelásticas y ahora duermo como un campeón

Por último, unos minutos de respiración lenta y profunda con los ojos bien cerrados es muy recomendable para un estado de relajación superior. Si quieren, escuchen Enya mientras lo hacen, pero a mí Enya me cae pésimo. Además, mi equipo no tiene control remoto así que después me tendría que levantar para apagarlo. Que duerman bien. Hasta la próxima.

Hasta un perro puede dormir bien

Consejo anti-stress: lleven siempre encima algo de cambio, porque en esta ciudad andar con un billete de $ 1.000 es casi como andar sin plata.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, fue dos veces a Busch Gardens, en Tampa, Florida, y volvería a ir porque es fanático de los tigres albinos y las montañas rusas. También le encanta la ensalada rusa con bastante mayonesa . Su blog, Saberes del buen vivir, se actualiza todos los viernes.

El fin de semana se casó un amigo y la verdad es que la pasamos bárbaro. Lo mejor fue el cotillón, porque con eso de que la máscara revela más de lo que oculta la gente se pone un antifaz, una vincha de polyfom y en cinco minutos la fiesta se transforma en el baile de máscaras de Ojos bien cerrados. Ok, exagero un poco, pero de verdad el cotillón desinhibe y hasta el más chúcaro se suma al trencito agitando un choclo de plástico. Y mientras estaba ahí tirando serpentinas y tocando pito como loco me di cuenta que en el cotillón hay una salida para todos los que dicen que su vida es ir de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, que están aburridos, que no les alcanza la plata.

Mascaritas

Desinhibe. Eso es lo que hace el cotillón (Foto: cortesía Warner Bros)

No tengo cifras, pero pongo las manos en el fuego cuando digo que no debe existir otra industria en la que una materia prima multiplique tantas veces su valor como en la industria del cotillón. Si no me creen, miren este presupuesto.

Soy lifestyle consultant, no economista, pero no hay que ser Joseph Stiglitz para darse cuenta que este es un negocio con un potencial tremendo. Estamos hablando de un poco de goma eva acá, otro poco de espuma allá, elástico, novopren… y a dejar volar la imaginación. No se rían. Pongan manos a la obra. Todos a fabricar cotillón. Y siempre pueden decir que son emprendedores, una palabra que está tan de moda. ¿Vos qué sos? Emprendedor, te contestan, así muy sueltos de cuerpo. Sean emprendedores ustedes también. Acá hay un camino posible.

Acá hay un camino posible (Foto: gentileza Superfiestas Cotillón)

Acá hay un camino posible (Foto: gentileza Superfiestas Cotillón)

Además, no se olviden que las industrias empiezan así. Qué se creían, que Nokia fabricaba celulares hace 100 años. No señor, primero eran… una planta de celulosa. Después hacían guantes de goma. Y mucho después vino el teléfono con cámara de 56 megapixel. Así que quién les dice que hoy hacemos un cucurucho de espuma y mañana estamos a la vanguardia de la industria aeroespacial. Como siempre, estoy para ayudar en lo que se pueda. No digan que no les avisé. Hasta la próxima.

Eyes Wide Shut

En el cotillón hay una salida para todos los que dicen que su vida es ir de la casa al trabajo y del trabajo a la casa (Foto: atención de Warner Bros.)

PD.

Ah, Marion Cotillard. Casi me olvido. ¿Que qué tiene que ver con el cotillón? Nada, pero la pueden ver en Enemigos públicos, que está ahora en cartel, y si no la googlean que les aparecen miles de fotos. Divina, la Marion.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, ya no sabe qué hacer con la vecina que escucha Radio Disney a todo volumen y está preocupado porque se le pegó la canción esa que dice “te envío canciones de 440”; aparte de eso, anda de lo más bien. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

Hoy quiero escribir sobre uno de los flagelos más terribles que aqueja a hombres y mujeres de este tiempo: los tuppers. (Si la revista BLa tiene un acuerdo comercial con TupperWare, lo siento, esto sale así como está.) No importa la marca, no importa si es un tacho de helado Crufi. Le digo “no” a los recipientes de plástico para comida. Se venden como una maravilla, con la promesa de conservar mejor nuestra comida y hacernos la vida más fácil. Una falacia grande como una casa.

Tupper1
El problema es que las herramientas del engaño están bien diseñadas. El tupper, en la góndola del supermercado, es brillante y colorido. Algunos hasta tienen un relojito en la tapa para que marquemos la fecha (nadie lo usa), y la variedad de formas y tamaños pueden generar la ilusión de que estamos comprando un objeto de diseño. My god.
No pasan dos semanas que los colores pierden brillo y se empastan unos con otros, el plástico transparente se vuelve gris y opaco. En cajones y placares, tapas y recipientes se entreveran y nunca coinciden unas con otras. Esto me recuerda a la cocina de un semanario donde trabajé un tiempo, donde había una caja a donde iban a parar los tuppers olvidados. Era horrible. El cementerio de los tuppers. Cada vez que pienso en esa imagen me corre un escalofrío por la espalda.
Antes que me tilden de radical (que lo soy, en algunas cosas), déjenme aclarar que entiendo perfectamente que son prácticos y no se rompen. Está bien, pero hagamos un trato: tuppers, sólo para transporte de la vianda al trabajo. Y punto. Mantengámoslos a raya. El exceso de plástico en la cocina no es bueno. A mí me da escozor. En casa, para conservar alimentos tenemos a mano una tecnología milenaria que nunca pasa de moda: el vidrio.
No sé cuál es la base científica para que los alimentos se conserven mejor en envases de vidrio (prometo averiguarlo), pero está claro que no sólo duran más sino que también saben mejor. Prueben si no la Coca-Cola o el dulce de leche en envase de vidrio. Para guardar en la heladera lo que siempre va a parar a un tuppers, alcanza con dos platos, uno abajo y otro como tapa. También existen recipientes de cristal de todo tipo y color. Además, a nuestra casa llegan recipientes de vidrio todo el tiempo que podemos usar. Mi provisión viene de los envases del café instantáneo –sí, todas las mañanas me hago un Nescafé batido con leche– y los frasquitos de aceitunas y cornichons. Vienen bárbaro para guardar un resto de salsa o un sobrante de ensalada. Los dejo por hoy pero háganme el favor: ¡menos plástico!

Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, está preparando su segundo libro, 1001 recetas que hay que cocinar antes que un meteorito destruya la Tierra, y esta semana señó una casa en Punta del Diablo para la segunda quincena de enero. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.
Le digo NO

Le digo NO

Aunque ustedes no lo crean, como lifestyle consultant he tenido que asesorar sobre spas y gimnasios y, como siempre, las consultas llegan cuando ya hay poco o nada por hacer. Al que viene buscando un plan de ejercicio y dieta en diciembre (para nuestros lectores del hemisferio norte, en junio) le digo que disfrute de sus vacaciones y que vuelva el año que viene, pero con tiempo suficiente. En eso soy radicalmente no nonsense.

Y como me gusta predicar con el ejemplo, hace un mes que volví al gimnasio. Me pasa algo parecido a una ex jefa que tuve, que siempre dijo que no pensaba pisar un teatro hasta que pusieran uno en un shopping. Si les cuento cómo terminó no lo van a creer, pero no viene al caso. La cuestión es que yo siempre fui más del club, pero me pusieron el gimnasio en el shopping y no me quedó otra, como le pasó a mi ex jefa. Imagino un futuro donde hasta la emergencia del Casmu va a estar en el shopping (quién te dice), pero me voy de tema.

Si comparo con mis días en el club que supo ser gloria del basket en la década de 1980, el sólo hecho de no tener que colgar la toalla mojada al llegar a casa hace toda la diferencia. Sé que es horrible lo que estoy diciendo, porque todos sabemos que el lavado de toallas implica gasto de agua, jabón, electricidad, por no hablar de las bolsitas plásticas en las que te entregan la toalla. Pero ya hablaremos del consumo sustentable cuando llegue el momento. Mi gimnasio está muy bien y es súper cómodo. Como tiene que ser un gimnasio en un shopping.

Entonces, como para cerrar este post que me quedó larguísimo: le digo no al jogger golondrina. Le digo no a la dieta en Nochebuena. Le digo sí a avivarse ahora que se vino el frío y pasamos la mitad del año a empezar a hacer algo por su bienestar. Agradezcan que no tenemos que andar corriendo mamuts para comer, pero estos cuerpitos no fueron pensados para estar como está usted ahora, sentado frente a una computadora. No se trata de una cuestión puramente estética o sanitaria. Es más bien una cuestión holística, cuasi zen: mente y cuerpo, como hombre y mujer, son dos pero son uno a la vez, pero también son dos. Si lo quiere de otra manera, sí, la cuenta regresiva para el verano ya empezó y es implacable.

Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, mide 1,73 m, pesa 82 kg y en el examen de sangre que se hizo a fines de mayo le dio todo lo más bien, dice. Este fin de semana seguramente vaya a comer a la casa de la madre, porque parece que hay ñoquis caseros. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

panna cotta

Tengo que agradecer en primer lugar a los lectores que por mail y carta –sí, por carta también– me hacen llegar sus comentarios y preguntas.

Sé que a veces doy por sentado que todos sabemos de lo que hablamos cuando hablamos de crema exfoliante, de panna cotta, de la regla de los cuatro colores o de la ley de Hubble. Así que hoy despejaremos la duda de Roberto, que nos escribe desde Punta Gorda, para preguntarnos: ¿qué es un lifestyle consultant?

Me parece muy acertada tu pregunta, Roberto, porque si ésta es la columna de un lifestyle consultant y no sabemos ni lo que es… estamos en el oven.

Primero empezaré por aclarar que lifestyle consultants hubo siempre, solo que no nos dábamos por enterados. Segundo, un lifestyle consultant puede ser todo lo que vos quieras o vos necesites que sea en un determinado momento. A saber: asesor de imagen, event planner, relacionista público, personal shopper, personal trainer, consultor gastronómico, consultor en protocolo, mentor social… todo eso, concentrado en una sola persona. Que en este caso vengo a ser yo.

Lifestyle consultant

En contra de lo que postula esta nota de CNN, un lifestyle consultant no es un amigo de alquiler ni la persona que te va a decir qué música tenés que escuchar, aunque quiero que sepan que ahora que murió Michael Jackson el revival de los noventa está a la vuelta de la esquina… sí, vayan buscando los discos viejos de Nirvana y Guns n’ Roses, y ya que están, la campera frazada y las bandanas. Después no digan que no les avisé. Pero me voy de tema.

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Resumiendo, Roberto, un lifestyle consultant es un profesional que está para orientar, despejar dudas, aconsejar, para que la persona que recurre a él obtenga lo mejor dadas sus posibilidades y circunstancias. Un lifestyle consultant no es ningún gurú ni un fabricante de milagros, que quede claro. Estamos para ayudar. En lo que se pueda. A fin de cuentas, vivir bien es más barato de lo que uno piensa y más fácil de lo que uno cree. Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, participó como panelista de las XVII Jornadas de Actualización Ideológica para Hoteles Boutique y Tiendas de Diseño en Maracaibo, Venezuela. Es fanático de la fugazzeta, las lámparitas de bajo consumo y las cucharas Zeroll. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.

Post cero

Esto les va a sonar como una obviedad, pero nunca está de más repetirlo: todo hombre debería hacerse un baño de crema por lo menos dos veces al año. Es la única manera de mantener el cabello sano y saludable en estos tiempos de radiación ultravioleta, autos con escape libre y sushi de jamón y queso. Sí, así como lo leen, sushi de jamón y queso. Una vergüenza. Es cuando uno piensa que este brave new world en el que vivimos no tiene nada de brave y mucho menos de new. Tenemos que conformarnos con el world a secas, tal como es, terminando ya la primera década de este siglo XXI.

Pero volviendo al baño de crema, no hay que tener ninguna vergüenza en preguntarle al peluquero, que va a quedar encantado con la consulta. Mucho más si se gana un nuevo cliente en la franja de servicios premium. No voy a entrar a detallar aquí la explosión de esta tendencia pero sépanlo, es hacia allí a donde todos vamos. No en vano soy fanático y ardiente defensor de las líneas D1 y D11, y prácticamente me declaro autor intelectual de esa maravilla del transporte urbano que es el intershoppings, más conocido como el DM1, con escala el en aeropuerto y destino en Zonamerica. Y me voy de tema otra vez, así que vamos a la esencia de este post: no dude en preguntar cuánto sale, cuánto demora y qué es bien el baño de crema. Para resumirlo, es un shock de hidratación, proteínas, vitaminas y todas esas cosas que promocionan en los comerciales de shampoo y le hacen tan bien al pelo. Dos por año dejan a cualquiera en el safe side capilar (cómo me gusta esa expresión: “el lado seguro”). Su novia notará la diferencia. Usted también.

Cierro este post inaugural dejando planteada la invitación a que comenten y vuelvan pronto por aquí. Hasta la próxima.

  • Nuestro lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, es egresado del Institut des Hautes Etudes du Goût de Leuven, Bélgica, y Licenciado en Relaciones Públicas por la Jeremy Irons School of Manners, de Londres. Es fanático declarado de las milanesas de soja, el yogur Claldy y los championes Topper. Su blog, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes.