Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Mis días en Leuven’

“El costo de algo es aquello a lo que se renuncia para conseguirlo”, dice uno de los principios básicos de la Economía. No sé si lo dijo Adam Smith, David Ricardo o Danilo Astori (h), tampoco sé si era exactamente así, pero me viene al pelo para el tema de mi columna de hoy.

Sucede que en la tele, en las revistas, en el secador de manos de un baño público y en cualquier recóndito espacio conquistado por la publicidad, aparece en múltiples formas un mensaje que se puede reducir a ésto: “Sos libre, hacé lo que se te cante (y hacelo ya porque mañana no sabés lo que puede pasar)”.

En los papeles está buenísimo, pero la realidad es que fuera de los brillos y el optimismo crónico de la comunicación publicitaria, estos encendidos llamados no pasan del eslogan vacío. Mejor es tener siempre presente que, nos guste o no, vivimos gobernados por la fuerza invisible del orden social, con su sistema de premios y castigos.

UNA GRAN RESPONSABILIDAD. Es lo que todo gran poder conlleva.

Claro que es cierto que somos libres, y ya hablamos en otras columnas sobre la crisis de individualidad que nos aqueja. Pero la libertad es un gran poder que tenemos, y como decía el tío Ben, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Esa es la parte que nunca se hace explícita, ni siquiera en la letra chica. Hacé lo que se te cante, sí, pero bancátela. Porque cuando uno quiere abrir el juego y elegir una opción en los márgenes o fuera de ellos, algo empieza a hacer ruido. El mecanismo queda al descubierto. Y el chirrido de un mecanismo debe ser de los sonidos más molestos que existen.

Les pongo un ejemplo práctico. Hace algunos años decidí adoptar una dieta vegetariana. Estaba en Bélgica, haciendo mi curso en el Institut des Hautes Etudes du Goût, y la verdad es que no tenía ningún problema. Primero, no estaba solo en esa cruzada en contra de la carne y segundo, la oferta vegetariana en Leuven alcanzaba para conformar al paladar más exquisito. Pero al volver a Juan Lacaze, mi vegetarianismo se chocó de frente contra las costumbres de mi familia. Las tías comentaban por lo bajo. Los vecinos se burlaban. Me la tuve que bancar como un campeón.

AL BOMBO. Hasta allí nos vamos si seguimos ciegamente a la publicidad que nos bombardea con ser “auténticos” y “tal como somos”.

Con todo esto no quiero decir, bajo ningún concepto, que uno deba seguir ciegamente a la manada o que nuestro destino esté circunscripto a las normas imperantes. No, de ninguna manera. Simplemente estoy pegando debajo de la gigantografía que grita “sé libre” una etiqueta de “Warning” que ya nos gustaría ver antes de tomar muchas decisiones importantes en la vida. Si estamos sobre aviso, las consecuencias de nuestras acciones se pueden prever en parte, podemos estar preparados para el choque. Si nos quedamos con la publicidad que nos bombardea con ser “auténticos”, “tal como somos” y demás mensajes un poco cínicos, nos vamos al bombo, que no chirría pero también hace un ruido bárbaro.

Como lifestyle consultant tengo que lidiar sobre todo con tweens y treintañeros que se subieron al carro de la autenticidad sin compromisos y sin embargo no terminan de encontrar su lugar, quiénes son. Los aturde el chirrido. Están los que quieren ser originales in extremis y un día aparecen con atuendos estrafalarios buscando aprobación unánime, sin éxito. Están los que quieren seguir siendo adolescentes, quieren divertirse, quieren todo, pero se lamentan después que nadie se los toma demasiado en serio, que no les alcanza la plata o que ya no pueden seguir el mismo tren de salidas que antes.

Y no, m’hijo: “Todo no se puede”. Qué sabias palabras. Me las enseñó mi madre alguna vez y lejos del molde, el corsé o la atadura, son una observación empírica, un llamado de atención, un baño de realidad. “Todo no se puede” resume de alguna manera el concepto de “escasez” sobre el que se basan las Ciencias Económicas, lo que nos remite al principio de esta columna y determina un loop infinito, como para que no se les olvide jamás: “Todo no se puede”. Y con esta voltereta retórica los dejo y me voy a exprimir unas naranjas que todavía no desayuné. Hasta la próxima.

  • Nuesto lifestyle consultant residente, Jean Font de Bon, fue vegetariano durante las últimas cuatro semanas que vivió en Bélgica, hasta que regresó a su natal Juan Lacaze donde se tiró de cabeza contra una tira de asado en la bienvenida que le organizó su familia. Su columna, Saberes para el buen vivir, se actualiza todos los viernes, aunque, sólo por esta vez, se actualiza este jueves.

Read Full Post »